Con el tiempo aprendí la sutil diferencia entre tomar la mano de alguien y encadenar un alma. Aprendí que el amor no significa apoyarme en alguien y que la compañía no significa seguridad. Y empecé a entender que los besos no son contratos ni los regalos promesas. Y empecé a aceptar las derrotas con la cabeza en alto, con los ojos abiertos, con la compostura de una adulta y no con el rostro compungido de una niña. Aprendí a construir mis caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes. Con el tiempo aprendí que incluso los agradables rayos del sol queman si me expongo demasiado a ellos. Por lo tanto decidí sembrar mi porpio jardín y adornar mi propia alma, en vez de esperar que alguien me regale flores.
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