No hago otra cosa que pensar...


Te extrañé hoy, te lo diría directamente pero sigo en la etapa de negación, así que lo escribí por aquí, para que lo leas, pero no estés seguro si es para vos; para que lo sospeches, pero no puedas confirmarlo, para que la duda me proteja mientras a vos te hace sonreír...

Me cansè de esperar

A que me llames, a que me busques, a que me encuentres. A que me reconozcas, a que me pidas ayuda, a que me valores, a que me preguntes si necesito ayuda. A que me propongas tocarnos , a que me dejes, a que me digas que me queres, a que me digas que estoy linda, a que te fijes en que me he cortado el pelo, a que te acuerdes de mi cumpleaños, a que aparezcas en la cita.
Porque eso es lo que hacemos nosotras, no? Esperar.
Como la Bella Durmiente, como Cenicienta, como Blancanieves. Como Penélope, con su bolso de piel marrón, como aquella chica en el muelle de San Blas. Como las madres, como las hijas, como las hermanas, como las mujeres, como las empleadas, como las novias. Esperamos.

A que cambies, a que no cambies, a que no esperes que yo cambie. A que reconozcas mi trabajo, a que me llegue mi momento, a que me toque la vez, a que aparezcas, a que vengas.
A que te decidas, a que me acompañes, a que me lo pidas, a que me lo des. Espero.
Porque eso es lo que hacemos nosotras. Esperar.
Pero yo no quiero, yo no espero, a mi me gusta llamarte, buscarte, encontrarte, reconocerte, pedirte ayuda, valorarte, preguntarte si necesitas ayuda. 
Proponerte tocarte, dejarte, decirte que te quiero, mirarme al espejo  y decirme que soy linda, contarte que me corte el pelo, recordarte mi cumpleaños, llegar tarde a la cita.
Porque yo no soy como la Bella Durmiente, como Cenicienta, como Blancanieves. Como Penélope, con su bolso de piel marrón, como aquella chica en el muelle de San Blas. Como las madres, como las hijas, como las hermanas, como las mujeres, como las empleadas, como las novias. Yo no quiero esperar. Porque para mi no funciona el cuento. Porque vivo dia a dia la excitante y angustiosa experiencia de ser yo misma. Y eso, a veces, duele.

Contame...



Contame como te sentis... ¿Son frecuentes las voces que escuchás? ¿Cuantas veces rondan por tu cabeza? Esta soy yo, aquella que siempre te habla desde la otra punta del mundo. Nadie me echa de menos, y a vos supongo que tampoco. ¿Que esperamos para reír juntos? ¿Has pensado lo mismo desde que nos vimos? No es piel, ni tampoco atracción. Pero desde que te conozco estoy hambrienta y parece que no tuviera estomago ni corazón.

Ese capítulo no lo vi.

Por ahora lo planteo en términos afirmativos, aseverándolo. Lo cierto es que los hombres no se deciden, y se transforman para nuestros ojos en pseudos falsos profetas. Dicen pero no hacen. Hacen, pero se retraen. Han devenido en seres sin decisión suficiente para sostener lo que provocan o alimentan.
Ciclotímicos e inestables. No sueltan, pero tampoco sostienen. 
El que hoy te quiere, mañana estará confundido. 
El que se moría por llevarte a la cama, no avanza por miedo. Aún me pregunto ¿miedo a qué? A lastimarte, a enamorarse, a que le gustes demasiado, a que te confundas, y etc, etc. 
El que hoy te ama, mañana te querrá mucho, pero te pedirá ir más despacio ¿qué cuernos es ese invento de ir más despacio? ¿a dónde, hacia qué? ¿quién lleva un velocímetro? 
El que venía impulsando una posible relación, caerá en el letargo.
El que te llamaba todos los días, de pronto olvidará tu teléfono, el cual no sonará más. 
El que hasta ayer moría por verte, hoy mira para otro lado. 
Y así las cosas están dadas. Y una, se queda como si hubiera perdido un capítulo de la serie.

Una tarde de miércoles

No te juzgo. 
No me juzgues.
Seamos los mas fieles a nosotros mismos que podamos,
Fieles a nuestros deseos, a nuestros valores, a nuestros sentimientos,
A nuestras ganas...
¿Te encontré o me encontraste?
No lo se. Solo se que conectamos.
Que busco?
Ilusion, deseos, amistad intensa…  Tal vez disfrutar de una fantasía de ayer a la noche o una sensacion que dure todo el dia.
Se puede todo, todo en esta dimensión, siendo lo mas real posible o inventándose. 
Serà porque a la vida le faltan emociones, será porque ya nadie se anima a seducir o será porque no alcanza nada. Hay hastío. Hay falta de pasión.
Hay aburrimiento.
Pero tenemos ganas… Sé que mi intuiciòn y esa sensación en mi piel no se equivocan. Y tu mirada tampoco.
Por eso estuvimos ahí animándonos a decir lo que no decimos en realidad. Siendo otros o donde vos tal vez fuiste más real de lo que querés.
Te animabas a jugar y ahora?? No sabes que buscas y yo si.
Reir, seducir y que me quieran seducir. Piel. Tu piel y mi piel.
¿Qué esperabas encontrar?
Todavía busco la respuesta….

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
O mejor aún, a una que escriba.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.
Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

Te prendés?

Te acordás como era la sensación de recibir una carta? Con esto de los mails, las redes sociales, los sms, whatsapp y demás perdimos eso… y a mi entender no esta nada bueno. Internet y la tecnología tienen sus beneficios: hablo con gente que no veo hace mucho, conozco gente, comparto gustos, chateo y que si no fuera por la red social, quizás nunca hubiera hablado… o me hubiera reencontrado, pero quien te quita la emoción de recibir una carta? Girarla y mirar de quien es el remitente... 
Durante mi infancia tuve amigos por carta. Muchos de esos “amigos” eran desconocidos. Mi mama solía comprarme la revista Anteojito y ahí había una parte de amigos por carta, entonces emocionada escribía y esperaba la respuesta… Y aun tengo guardada una carta de aquel novio de mis veinte y tantos, dos hojas, escritas en ambas carillas, recuerdo tangente de un momento feliz. Un tiempo después apareció internet, el email se popularizó y todo comenzó a acelerarse y las cartas y postales a desaparecer :(
En esta epoca vertiginosa, donde todo aburre tan rapido, donde hasta las facturas de los impuestos y tarjetas llegan de manera online, me pregunto cuales seran los recuerdos que atesoraran las generaciones actuales y futuras, el chip del telefono se borra, junto con los sms y los whatsapp amorosos, un mail romantico, miles de fotos que ya no se imprimen en papel. 
Hace poco tuve una charla que me hizo reflexionar y pensar que “quiero volver a tener amigos por carta” , amigos a quienes les interese recibir/escribir y saber esperar la respuesta… creo que también es una forma de ejercitar la paciencia, no?
Quiero volver a ponerme en contacto con las cartas y postales, quiero volver a ponerme en contacto con la lentitud del correo y para eso necesito destinatarios: un mensaje que viaja sin nadie que lo espere del otro lado no tiene demasiado sentido. Soy conciente que esto puede llegar a entenderlo solamente alguien de mi generación. Pero estoy segura que podriamos transmitirle esta sensacion a nuestros hijos.

Propongo mandar postal, papelito, carta… una foto propia con algo escrito, lo que sea, una vivencia en ese país, o simplemente contar como estamos, te sumas? Puede llegar a ser divertido no?