Voy a dejar que tus brazos me rodeen; vos dejarás que te rodeen mis piernas. Iremos lejos. Soñaremos que los cuentos de hadas
son posibles; que son perennes. O no me dejes y no iremos a ningún lugar
más lejano que el café de la esquina. De todos modos, sobre el
mapa de tu cuerpo he viajado mucho más allá de cualquier horizonte
imaginable. Pedirle más a la vida sería un
obsceno gesto de avaricia...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
