En el comienzo...

Cuando el primer hombre y la primera mujer se dieron un beso sintieron un latigazo químico en sus cerebros, entonces sí surgió un deseo más allá del presente. Y la misma pasión animal y el mismo ardor del repetir experiencias, crearon en el corazón un vacío cuya proyección era necesario saciar en el futuro. Aquel hombre deseó repetir al instante siguiente su beso... aquella mujer deseó que sus labios estuvieran siempre en contacto con aquellos que le generaban aquel miedo tan grande a perderlos...
Y fue entonces, sólo entonces, cuando el primer hombre y la primera mujer, clavaron una estaca en su corazones y en su predio para marcar el territorio de sus miedos...