A que me llames, a que me busques,
a que me encuentres. A que me reconozcas, a que me pidas ayuda, a que
me valores, a que me preguntes si necesito ayuda. A que me propongas tocarnos , a que me dejes, a que me digas que me queres, a que me digas que estoy linda, a que te
fijes en que me he cortado el pelo, a que te acuerdes de mi cumpleaños, a que aparezcas en la cita.
Porque eso es lo que hacemos nosotras, no? Esperar.
Como la Bella Durmiente, como Cenicienta, como Blancanieves. Como Penélope, con su bolso de piel marrón, como aquella chica en el muelle de San Blas. Como las madres, como las hijas, como las hermanas, como las mujeres, como las empleadas, como las novias. Esperamos.
A que cambies, a que no cambies, a que no esperes que yo cambie. A que reconozcas mi trabajo, a que me llegue mi momento, a que me toque la vez, a que aparezcas, a que vengas.
A que te decidas, a que me acompañes, a que me lo pidas, a que me lo des. Espero.
Porque eso es lo que hacemos nosotras. Esperar.
Pero yo no quiero, yo no espero, a mi me gusta llamarte, buscarte, encontrarte, reconocerte, pedirte ayuda, valorarte, preguntarte si necesitas ayuda.
Proponerte tocarte, dejarte, decirte que te quiero, mirarme al espejo y decirme que soy linda, contarte que me corte el pelo, recordarte mi cumpleaños, llegar tarde a la cita.
Porque yo no soy como la Bella Durmiente, como Cenicienta, como Blancanieves. Como Penélope, con su bolso de piel marrón, como aquella chica en el muelle de San Blas. Como las madres, como las hijas, como las hermanas, como las mujeres, como las empleadas, como las novias. Yo no quiero esperar. Porque para mi no funciona el cuento. Porque vivo dia a dia la excitante y angustiosa experiencia de ser yo misma. Y eso, a veces, duele.
Porque eso es lo que hacemos nosotras, no? Esperar.
Como la Bella Durmiente, como Cenicienta, como Blancanieves. Como Penélope, con su bolso de piel marrón, como aquella chica en el muelle de San Blas. Como las madres, como las hijas, como las hermanas, como las mujeres, como las empleadas, como las novias. Esperamos.
A que cambies, a que no cambies, a que no esperes que yo cambie. A que reconozcas mi trabajo, a que me llegue mi momento, a que me toque la vez, a que aparezcas, a que vengas.
A que te decidas, a que me acompañes, a que me lo pidas, a que me lo des. Espero.
Porque eso es lo que hacemos nosotras. Esperar.
Pero yo no quiero, yo no espero, a mi me gusta llamarte, buscarte, encontrarte, reconocerte, pedirte ayuda, valorarte, preguntarte si necesitas ayuda.
Proponerte tocarte, dejarte, decirte que te quiero, mirarme al espejo y decirme que soy linda, contarte que me corte el pelo, recordarte mi cumpleaños, llegar tarde a la cita.
Porque yo no soy como la Bella Durmiente, como Cenicienta, como Blancanieves. Como Penélope, con su bolso de piel marrón, como aquella chica en el muelle de San Blas. Como las madres, como las hijas, como las hermanas, como las mujeres, como las empleadas, como las novias. Yo no quiero esperar. Porque para mi no funciona el cuento. Porque vivo dia a dia la excitante y angustiosa experiencia de ser yo misma. Y eso, a veces, duele.
